domingo, 17 de enero de 2016

LO MÁS DIFÍCIL Y LO MÁS HERMOSO...


Cuando salimos de parir a nuestra hija era tal la felicidad que queríamos decirle a cada persona que nos cruzábamos “tené un hijo”. Le contamos con detalles a familiares y amigos cada segundo del trabajo de parto, las partes graciosas, las partes emocionantes, los miedos, el momento en que un ser humano sale de adentro de otro ser humano, todo.

Semanas después la adrenalina y la emoción desbocada habían sido consumidas por el cansancio, los nervios y los dolores. Porque sí, duelen los puntos de la episiotomía, duelen los pechos tan primerizos, duele la espalda de cargar al bebé y duele el sueño o la falta de él, mucho, muchísimo.

Y entonces empezamos a alertar a todos “tengan hijos, pero estén muy seguros porque esto es bravo”. Hay cólicos, hay llantos incomprensibles, hay queja, hay obsesiones y muchos miedos. Hay una revolución en la casa, en las familias, en la pareja. Explotan pañales de los cajones, salen juguetes de los rincones, hay mucha gente que viene, la mayoría pretende que los atiendan, pretenden no ver que esas marcas negras debajo de los ojos son tremendas ojeras y no una nueva forma de maquillaje, y también están los que ayudan, los menos.

Y pasa el tiempo y viene algo peor, la inseguridad y la culpa: ¿lo estoy haciendo bien?, ¿como se sentirá cuando me voy a trabajar?, ¿si le dejo de dar la teta cada dos horas se me va la leche?, ¿si salgo con amigas, quizás me tomo una cerveza y la dejo con el padre, me odiará?, y también hay momentos en que fantaseas que tenés un rato para vos, que tu cabeza esta vacía y no llena del bebé.

Claro toda esa culpa la tenés que descargar y se la empezás a echar al papá y discutís mucho porque vos sentís que hacés todo, que no tenés tiempo para nada, intercambian criterios y formas de hacer, estás cansada, tenés ganas de estar sola y más culpa por tener ganas de estar sola. Y así en espiral.
Entonces le empezás a decir a la gente “viajá, salí de fiestas, descansá, disfrutá y después pensá en tener un hijo”.

Pero un día te levantás y hay unos ojos que te miran como nunca antes, con tanto amor, y después sonríe cuando le hablas, y luego ríe a carcajadas, más tarde te nombra “mmm ma mamma, ppppa papapa”, y después estira sus brazos para que la cargues, y ves como se enamora del mismo hombre que vos: su papá y te sigue viendo como lo único importante para su mundo incipiente, y después quién sabe que maravillas pasarán.

Y sos tan feliz, sos tan especial, sos tan necesaria.
Y te das cuenta que todo es tan extremo, tan montaña rusa, pero nunca volverías el tiempo atrás y entonces de nuevo a cada persona que te cruzás le decís...

“tené un hijo, es lo más difícil y lo más hermoso que te va a pasar”

4 comentarios:

Pamela Altamirano dijo...

“tené un hijo, es lo más difícil y lo más hermoso que te va a pasar”

Maria Del Puy Sanchez dijo...

Pues sii yo tengo dos hijos y es lo mejor qe e echo en el mundo .

Maria Del Puy Sanchez dijo...

Pues sii yo tengo dos hijos y es lo mejor qe e echo en el mundo .

ramona castillo dijo...

Linda y tierna pajina me llena de ternura